feminismo ecológico

Ecofeminismo y crisis climática

En 1974 Françoise d’Eaubonne acuñó el término de “ecología feminista”. Con ello se refería al potencial político de las mujeres de transformar la relación humana con la naturaleza. En ese entonces el término “ecofeminismo” solo hacía referencia a las relaciones mujer-naturaleza en diferentes áreas del quehacer humano. El ecofeminismo surgió como filosofía entre los ochenta y noventa. Se ha nutrido del diálogo entre muchas áreas del conocimiento. Hoy presenta un posible camino frente a la crisis climática de nuestro tiempo. Lo que pretende no es poco: modificarlo todo. Al menos en teoría, parece una filosofía adecuada para enfrentar el cambio climático.

El feminismo en la era del cambio climático

A pesar de que hasta hace muy poco la crisis climática ha estallado en los medios, en décadas anteriores el problema era ya evidente. Si revisamos la historia, desde los setenta se hablaba de la urgencia de modificar el sistema de producción. El problema es, de hecho rastreable desde el comienzo de la era industrial, pero a penas en el siglo XX se hacía inevitable.

En los años setenta, en tiempos de la contracultura, los movimientos ambientales se multiplicaban, por lo menos en Estados Unidos, como reacción a diversas crisis que se habían acumulado en lo que iba del siglo. Aún no se hablaba de “cambio climático” pero sí de muchos problemas asociados. Algunos ejemplos son la lluvia ácida, el smog y la capa de ozono.

Ética, ecología y feminismo

La aparición del feminismo con perspectiva ecológica coincidía en ese entonces con los movimientos populares de los setenta y las medidas administrativas frente a problemas ambientales cada vez más evidentes. Aunque parece una historia poco relevante para nuestro tiempo, muchas de esas regulaciones aún funcionan como base de políticas ambientales vigentes.

Además de la historia, inseparable a este desarrollo, la filosofía medioambental también ha influido en el ecofeminismo. Prácticamente se han desarrollado en conjunto. Ambas disciplinas plantean la obligación moral de los humanos frente a la naturaleza más allá de su propia existencia. Es decir frente a animales de otras especies y frente a los ecosistemas. Esto no necesariamente parte desde un enfoque feminista, pero pronto se convierte en un punto en el que pueden converger muchos otros análisis.

Especismo

Curiosamente, como si en retrospectiva los setenta hayan sido un tiempo clave, también en esos años surge el concepto de “especismo”. Este concepto se relaciona con el feminismo, ya veremos cómo. El racista, escribe Singer, “viola el principio de igualdad al dar mayor importancia a los intereses de los miembros de su propia raza” (Singer, Animal Liberationism, 108) de la misma manera el especista solo tiene en cuenta los intereses de su propia especie y de esa manera hay una similitud, un patrón, en los comportamientos.

Richard Rydel acuñó este término y Robert Singer lo popularizó poco después. El concepto se refiere a la particularidad humana de centrar la naturaleza entorno a su misma especie. Y así someter a otros animales para su beneficio. El trabajo de Singer hizo énfasis en las similitudes entre el especismo, y otros fenómenos como el del racismo y la esclavitud.

Habitar el mundo de otra manera

Otras aproximaciones posteriores al problema ético de la animalidad y la naturaleza se han centrado no en la explotación en sí, sino en la violación de los derechos inherentes a la existencia de los seres vivos. Este tema que en realidad es un campo prolífico inabarcable en una publicación ha puesto en marcha el ejercicio ético de revaluación del mundo. En pocas palabras, se ha desatado desde entonces un movimiento crítico en todas las áreas posibles. No solo se trata de modificar el sistema económico o energético, sino de una evaluación completa de nuestra forma de habitar el mundo. Leopold escribe en A Sand County Almanac:

Una cosa es correcta cuando tiende a preservar la integridad, la estabilidad y la belleza de la comunidad biótica; está mal cuando tiende a comportarse de otra manera.

Leopold, A Sand County Almanac: and Sketches Here and There (1949), p.224-225.

Estas teorías que también han recibido observaciones se han ubicado en una línea crítica entre las relaciones humanas y la naturaleza. Textos como este de Leopoldo han influido en la filosofía del ecofeminismo y hacen evidente la convergencias de los ejercicios de razón de otras disciplinas.

Qué plantea el ecofeminismo

La naturaleza, un tema feminista

El feminismo ha considerado similitudes entre el problema del “género” en el mundo humano con el del especismo. La jerarquización del valor, que ha tenido un efecto devastador y evidente en la vida de las mujeres, existe también en relación a otros animales y en general hacia el resto de la naturaleza. Es sencillo trazar una línea paralela entre la mujer como fuente de reproducción (y la reproducción como forma de trabajo) y algunas especies de animales que la humanidad reproduce en condiciones y frecuencias antinaturales para producir alimento. Lo que produce, sobra decirlo, un gran movimiento de capital: la industria de las carnes y los lácteos.

La naturaleza ha sido fuente de recursos inagotables, objeto útil a propósitos de la especie humana, mientras que la maternidad y las labores domésticas han sido durante gran parte de la historia útiles. Ambos han sido objetos. De un modo diferente pero no lo suficiente como para que sea imposible hacer una comparación.

El feminismo también podría servir para mirar críticamente las relaciones con la naturaleza (Warren escribió en su libro Ecofeminist Philosophy: A Western Perspective on What It Is and Why It Matters: “Nature is a feminist issue”). El ecofeminismo se plantea entre otras cosas, una nueva ética, aunque lo que pretende transformar va mucho más allá de la ética. Plantea como necesario la revaluación de la tradición filosófica que ha sido la base de la civilización occidental.

Otra filosofía para occidente

El primer principio crítico es uno que probablemente todos conocen: el dualismo. La tradicional división entre cuerpo/alma, cultura/naturaleza, razón/animalidad y, claro, masculino/femenino necesitan ser intervenidas desde este marco. La crítica a la lógica de dominación, otro de los puntos, no solo plantea la necesidad de modificar el orden de una jerarquía. Gran parte consiste en la justificación de la jerarquía en sí. La lógica de la dominación se justifica en la superioridad. Esto que hemos visto a lo largo de la historia en diferentes episodios como herramienta de dominación, debe ser objeto de observación más allá de las relaciones humanas.

Otras áreas del conocimiento (lingüística, política, economía) han producido textos en los que estudian la relación entre la dominación sobre las mujeres y sobre la naturaleza. También trabajan en la identificación de un “canon” filosófico masculino en la estructura de muchos de los sistemas en los que habitamos.

El camino teórico a la reestructuración del mundo

A menudo se habla del feminismo como si se tratara de un movimiento homogéneo, o como si se desarrollara separado de otras disciplinas. Para hablar del feminismo es necesario recorrer a profundidad muchos textos de naturaleza diferente. Aunque está claro que ese es el camino que muy pocos lectores tomarán, este tema en particular ofrece un camino (nada sencillo) para actuar frente a la crisis climática. Si bien posiblemente funciona mejor en la palabra, algunas lecciones podrían extenderse para todos los que vivimos fuera de los textos.

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