#ProtestToo: las mujeres y la ola de protestas mundial

La mayoría de comportamientos colectivos se extienden a través del contacto social. No es extraño que las numerosas protestas a nivel mundial parezcan más que una simple coincidencia. Hablamos de las protestas del 2019, la represión del Estado y el problema de género desde los conflictos sociales.

El contagio

Gran parte de los movimientos sociales en la historia se han extendido de una región a otra. Las ideas, que han cambiado la organización del mundo han tenido un proceso similar al del contagio y parte de la epidemiología puede ser útil para entender la propagación de ideas y comportamientos:

La mayor parte de las enfermedades son comunicables, lo que significa que los individuos no generan espontáneamente la infección; la adquieren. De la misma manera, mucho de lo que sabemos no es descubierto de modo independiente; más bien obtenemos la información de otros. Es lo mismo con el comportamiento colectivo. Protestas, modas, normas sociales y leyendas urbanas no solamente se extienden porque a los individuos independiente y espontáneamente se les ocurre la misma idea. Adoptamos la idea de alguien más que está trabajando en ello y que la transmite a otros. Los comportamientos, como las enfermedades, pueden ser contagiosos (Centola y Macy, p. 705).

La extensión puede superar las distancias geográficas y sociales dramáticamente. Un artículo de Kurt Weyland publicado en International Organization le echa un vistazo a la teoría de la difusión en el caso de la revolución francesa. Esta ola la “más rápida y extendida ola de contención del régimen la historia” se desarrolló en un tiempo en que el transporte y la comunicación eran muy limitados. Aún así “produjo un poderoso eco en Chile. También en Perú y en el noreste de Brasil —en condiciones que diferían profundamente de Europa” (Weyland, p. 392). En este trabajo Weyland intenta aplicar instrumentos de psicología cognitiva para entender la propagación de las olas de resistencia. La teoría de la difusión de ideas y del aprendizaje colectivo explican, desde su punto de vista, el fenómeno, que puede servir no solo para entender la revolución francesa sino movimientos actuales e inclusive los que están por venir.

Una teoría de difusión

El terreno político es, ya se ha hecho la analogía muchas veces, como un juego de póquer: y en numerosas oportunidades no se juega la carta sino al contrincante. Revelar algo puede cambiar de repente las reglas del juego y de la resistencia:

La dominación política es un juego de negociación en el que la parte dominante intenta intimidar a los grupos subordinados; a cambio, estos grupos evitan revelar su deseo de cambio para evitar la represión. Precisamente por estas razones una protesta que de repente revela la debilidad del gobernante y la extensión de los grupos, intensifica el disgusto por el régimen establecido. El deseo de desafiarlo puede servir como una señal crucial para otros sectores inconformes que ahora buscan un cambio a través del derrocamiento del orden. De esta manera el aprendizaje racional de un estallido puede rápidamente desencadenar en una contestación en espiral (Weyland, p. 399).

Esto ha sido parte importante de la propagación de movimientos a nivel global y también explica parte de la ola de protestas masivas de la actualidad. Pero esta nueva ola presenta también ejercicios nuevos de autoritarismo y de aprendizaje. Los gobiernos autoritarios también aprenden de los eventos políticos en otras partes del mundo y de la gestión de conflictos de otros gobiernos.

El aprendizaje colectivo

A pesar de que la diversidad de las protestas que hemos visto en el 2019 revelan una serie de problemas particulares a nivel nacional, estos comparten elementos en común. El principal se encuentra en los comportamientos autoritarios de los gobiernos que muchas veces se esconden en la legitimidad.

Es decir, para hacerlo más claro: hay gobiernos que responden a las protestas pacíficas con diferentes niveles de coerción y de diálogo. En ese sentido no se comportan como los regímenes autoritarios del siglo XX. En Democratization se publicó un artículo que estudia la tercera ola de autocratización y que explora las novedades que trae este siglo:

Una transición gradual hacia el autoritarismo electoral es más difícil de identificar que una clara violación de los estándares democráticos, y ofrece menos oportunidades para la oposición nacional e internacional. Los autócratas electorales aseguran su ventaja competitiva a través de tácticas más sutiles como censurar y hostigar a los medios de comunicación, restringir la sociedad civil y los partidos políticos y socavar la autonomía de los organismos de gestión electoral. Los aspirantes a autócratas aprenden unos de otros y aparentemente están tomando prestada tácticas que se perciben como menos riesgosas que abolir por completo las elecciones multipartidistas ( Lürhmann y Linderberg, p. 1098)

La violencia sexual como forma de represión tradicional

El uso de la violencia en formas “tradicionales” continúa siendo una herramienta de represión, pero se alterna con cierta apertura al diálogo. De modo que, mientras que algunos actos son evidentemente reprochables, la organización generalmente democrática presenta problemas para identificar aquel gobierno con el autoritarismo (al menos en relación con el autoritarismo visto anteriormente).

En la ola de protestas y en los comportamientos autoritarios hay espacio para la represión tradicional. Las mujeres tienden a sufrir la represión de formas distintas, normalmente están más expuestas a la violencia sexual y esto no cambia en el contexto de un movimiento social. A los conflictos políticos nacionales se suma la necesidad de hablar de un problema global y persistente para el género femenino.

#ProtestToo: vulnerabilidad y organización femenina

A lo largo de la historia las mujeres han sido más vulnerables a la violencia física y sexual. La experiencia del horror de algún conflicto está a menudo filtrada por el género y por los abusos sexuales. No es necesario volver a algún evento lejano para verlo. La ola de protestas de este año nos ha mostrado ejemplos en Chile, Bolivia y Hong Kong. La violencia ha estado presente en los enfrentamientos contra toda la población, pero un caso común ha permitido traer de regreso el problema de género.

Respecto a los conflictos mencionados podemos ser un poco más concretos e ilustrativos: En Chile denuncian la violencia física sexual como arma del Estado. En Bolivia, el 6 de noviembre de 2019, un grupo de miles de mujeres que marcharon para manifestar su apoyo a Evo Morales fueron atacadas. Ese mismo día, la alcaldesa de Vitro, Patricia Arce, fue secuestrada y humillada públicamente. Finalmente, el vídeo viral de la agresión a una sindicalista proporcionó otro ejemplo para hablar de la violencia de género desde el conflicto político. Al otro lado del mundo, en Hong Kong, el número de denuncias de abuso sexual se ha elevado durante las protestas. Un incidente en particular, capturado en una fotografía que circuló por las redes, muestra a una mujer siendo despojada de su ropa interior por parte de la policía de la ciudad.

Esto, más allá de apartarlas de las calles, les dio una razón más para regresar a las manifestaciones. Varios pósters con el hashtag #ProtestToo circularon en Internet. Las mujeres en Chile y Bolivia también se han organizado para resistir.

#ProtestToo

El contagio de la organización

Es “necesario entender cómo funcionan los gobiernos autoritarios a nivel global”, escribían Lürhmann y Linderberg en el artículo anteriormente mencionado. Recolectar información e interpretarla no solo para propiciar el aprendizaje sino para acceder a la dimensión práctica que permite el conocimiento: tener herramientas para actuar frente a los gobiernos autoritarios. Una tarea difícil si se tiene en cuenta que inclusive en una misma región, por ejemplo en Latinoamérica, los conflictos que llevan a la alteración del orden tienen sus particularidades nacionales, y analizar el caso de Chile, Perú, Bolivia y Colombia no es posible de un solo golpe.

Sin embargo, el problema de género frente a los gobiernos autoritarios parece más fácil de analizar a nivel global. En el caso particular de las mujeres la represión presenta problemas comunes a todas las del mundo. Y aprender del movimiento parece más sencillo. Tal vez el Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, que se celebra el 25 de noviembre, es una oportunidad para observar la integración posible. Miles de mujeres marchan alrededor del mundo por la modificación del orden y las consignas parecen ser las mismas (#MeToo y #YoSíTeCreo).

Una vez más: aprendizaje colectivo

En Hong Kong la violencia sexual como forma de represión se ha convertido en una oportunidad de fortalecer la organización de las mujeres como grupo. En Chile y Bolivia no ha sucedido algo diferente. Y con los nuevos brotes de protestas y exhibiciones de autoritarismo vemos que la organización se contagia. En Colombia los problemas que afrontan las mujeres se han convertido en una razón más para convocar a las manifestaciones de los últimos días. La inconformidad que va desde la gestión de la salud, la educación, los acuerdos de paz e inclusive el medio ambiente ha generado suficiente combustible para traer la desigualdad de género a la protesta política. Esto acompañado también de los pañuelos verdes que han simbolizado en Latinoamérica la lucha a favor de la legalización del aborto.

Como resultado de la coordinación global se espera que los regímenes autoritarios incrementen el uso de estrategias aprendidas de otros. El riesgo de que la coerción se intensifique en frecuencia y tenacidad está claro para Erica Chenoweth. El éxito o fracaso de las manifestaciones políticas de los ciudadanos y de su resistencia frente a estos gobiernos está no solo en su entusiasmo, sino en el aprendizaje. La organización de las mujeres en un movimiento global parece un buen ejemplo del alcance del aprendizaje colectivo.

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