ergonomía y género

Ergonomía y género: cuando el diseño ignora las diferencias

La ergonomía falla en muchos de los objetos cotidianos que no están diseñados pensando en las mujeres, en algunos casos puede haber consecuencias significativamente negativas.

El cruce entre ergonomía y género no es difícil de intuir. La ergonomía tiene en cuenta la influencia entre la interacción de las personas, las objetos y el entorno en el diseño de las cosas. Observando en ese sentido los objetos es fácil ver que estos no son siempre indiferentemente útiles. Muchas mujeres lo experimentan y trabajos de investigación y reportes lo confirman, las mujeres usan objetos cotidianos que han sido diseñados solo para las generalidades del cuerpo masculino: calzado, sillas de oficina, herramientas para el campo, equipos de protección personal (EPI). La lista es extensa y las consecuencias de diferentes alcances. Quizás muchas herramientas que creemos neutras no lo sean, y tengamos que cambiar tanto lo que usamos como la forma de verlo.

Quizás muchas herramientas que creemos neutras no lo sean, y tengamos que cambiar tanto lo que usamos como la forma de verlo.

La silla de oficina

Un artículo de 2020 de una publicación en serie sobre medioambiente, ingeniería y ciencias realiza un análisis de los cambios que habría que hacer en las sillas de oficina para que sean apropiadas para mujeres. Una mala postura causada por una silla inadecuada puede ocasionar «vena várice, escoliosis y otras enfermedades físicas».

Se deberían tener en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres de modo que el diseño incluya el cuerpo femenino y sus características. Como que, entre otras cosas, el índice de ancho de cadera de las mujeres es generalmente mayor que el de los hombres. Las autoras del artículo sobre la ergonomía de la silla de oficina indican que también tendría que modificarse la altura del asiento, el ancho, la profundidad, los apoyabrazos y el espaldar.

Los cuerpos de las mujeres demandan una ergonomía diferente pero también la publicación señala que ellas pasan más tiempo sentadas en la oficina (aunque no está claro cómo llegan a tal conclusión). Y trabajos de investigación de inicios del siglo XXI identificaron que las mujeres tienen mayor probabilidad de sufrir trastornos musculoesqueléticos relacionados con el trabajo, incluyendo dolor de cuello y hombros, cuando trabajan en entornos de oficina.

Equipos de protección personal

En cuanto a los EPI, batas, guantes y otros elementos de protección corporal no están diseñados para la complexión femenina. Aunque se pueden fabricar en una variedad de tallas, a menudo se adquiere solo la talla grande, suponiendo que puede funcionar para todas las personas. Lo que afecta desproporcionadamente a las mujeres. Las trabajadoras de la salud no son homogéneas y una sola talla no tendría en cuenta su diversidad (presente en su tipo de cabello, formas corporales y faciales y condiciones climáticas). 

Otra dimensión de esta falla ergnómica está en que las mujeres representan la mayoría de los trabajadores de salud, sí, pero sus trabajos se concentran en trabajos de “menos status social”, y sus necesidades no son priorizadas. A esto habría que agregarle que globalmente, los sistemas de salud tienen sus propias inequidades en las que a menudo se acentúan las desigualdades. (De esta lucha han surgido organizaciones como Women in Global Health, que publicó en 2021 un informe en el que explora la complejidad de los EPI).

El calzado y el entrenamiento

De las zapatillas para correr, se dice que la mayoría han sido diseñadas para hombres, y que solo muy recientemente se ha iniciado la promoción de «zapatos hechos para mujeres». Por otro lado, botas y equipos militares y programas de entrenamiento han mostrado también fallas.

En estudios anteriores se vio que grupos de hombres y mujeres entrenados con el mismo programa arrojaban porcentajes diferentes de fractura en la pelvis (0.1% en el caso del grupo masculino, frente a 11.2% en el femenino). Las botas pueden ser muy duras y pesadas, y se han registrado comentarios sobre las deficiencias de mochilas, correas de mochila y cinturones de pistola, lo que sugiere que no se atienden adecuadamente las diferencias en la antropometría entre los géneros en el diseño de equipos y del entrenamiento en sí.

En un estudio sobre las lesiones en militares en Australia se observó que la espalda es la área más lesionada en los entrenamientos militares en el caso de hombres y mujeres, seguido por las lesiones en el pie en el caso de las mujeres. Un mayor porcentaje de mujeres presentan lesiones catalogadas como «serias» (15 % frente a 6 % de los hombres).

Pruebas de seguridad

Las pruebas de seguridad en la industria automovilística usaron por largo tiempo maniquíes que no tenían en cuenta la corporalidad femenina como la constitución diferente de la masa osea y muscular. De esto habla Caroline Criado Perez en su libro La mujer invisible (y en general ha tenido más cobertura que muchos otros temas).

En uno de los capítulos del libro Perez habla sobre estudios de 2011 y 2013 que indican que aunque los hombres son más propensos a verse involucrados en accidentes de tráfico, (y por ello en los registros dominan las cifras de personas gravemente heridas en accidentes), cuando una mujer se ve involucrada en uno, tiene un 47 % más de posibilidades que un hombre de sufrir lesiones graves, y 17 % más propensas a morir. Hablamos de este ejemplo con más detalle en una publicación pasada.

Herramientas y equipo para trabajar en el campo

Un artículo informativo de 2020 habla de las fallas de diseño en equipos como tractores, equipos que no son particularmente difícil de manipular en sí, si no fuera por su peso. Algo complicado para muchas personas, pero extremadamente difícil (y con alto riesgo de lesiones) para las mujeres.

Se denuncia que las herramientas que se han promocionado «para mujeres» no han sido científicamente diseñadas para ellas, sino simplemente pintadas de rosa. Algo no solamente reprobable, sino que también ignora el porcentaje de mujeres que trabaja en el campo. Al menos, en Estados Unidos 36% de la población de trabajadores del campo son mujeres actualmente.

Los móviles

Criado también comentaba en una entrevista que los móviles y aplicaciones también reproducían problemas similares de exclusión. Por ejemplo que el tamaño de los teléfonos móviles como el iPhone 12 Pro y Samsung Galaxy Note 20 Ultra no estuvo pensado para mujeres, y a pesar de que ofrecían versiones más pequeñas, estas eran más deficientes.

También recuerda que en 2014 Apple lanzó su aplicación de «seguimiento de salud integral” que permitía a las personas «rastrear casi todo, desde el movimiento y el ejercicio diario hasta la ingesta de molibdeno y cobre, excepto el período». También atribuyó la falta a que en el equipo no había personas con períodos. Lo que nos lleva a otro tema importante que no es novedad: la ausencia de las mujeres en ciertos campos de trabajo.

Datos, ergonomía y género

Los datos recolectados permiten estas observaciones, pero no todas las regiones del mundo tienen datos para analizar, lo que representa en sí una brecha de otro tipo, y que el aprendizaje sea limitado. Las similitudes entre problemas pueden intuirse pero no se conocen con detalle ni hay datos para respaldar afirmaciones.

No todas las regiones del mundo tienen datos para analizar, lo que representa en sí una brecha de otro tipo. Las similitudes entre problemas pueden intuirse pero no hay datos para respaldar afirmaciones sobre el tema.

No se trata solamente de un asunto de diseño ergonómico del que las mujeres han estado excluidas, sino que está relacionado con cómo funciona el mundo. Karen Korellis Reuther escribe en la plataforma de liderazgo social de Harvard que en Estados Unidos a pesar de que tantas mujeres se forman como diseñadoras industriales como hombres, solo un pequeño porcentaje (19 %) ejerce y también hay pocas en posiciones de liderazgo.

Sin duda, como se puede aprender de los trabajos de investigación, hay tantas brechas de género como diversidad en el mundo. Desde la academia se proponen herramientas más o menos prácticas para abordarlas, prevalece la pregunta de si en realidad pueden ser útiles.

Corregir estas brechas requiere no solo adaptar objetos, métodos, políticas, o involucrar a las mujeres, sino también conocimiento y para ello inversión en investigación y educación. Si las personas no las conocen y no saben cómo abordarlas no hay transformaciones posibles.