brecha de género

Así se pueden abordar las brechas de género

La academia sugiere herramientas para abordar los problemas causados por la desigualdad de género.

Los estudios de género requieren la revisión de numerosas lecturas que han enriquecido y formado la discusión. En el caso de las brechas de género también existe la posibilidad de abordarlas desde una dimensión práctica

Un ejemplo difundido hace unos años de cómo se presenta la brecha de género fue el de las pruebas de seguridad de accidentes de tráfico. En 2011 los resultados de un estudio indicaban que las probabilidades de que una conductora con cinturón de seguridad sufriera lesiones graves eran un 47% más altas que las de un conductor con cinturón de seguridad involucrado en un accidente comparable. Se identificó que los maniquíes de prueba usados en los ensayos eran modelados en base al cuerpo masculino promedio. Y de esta manera, las pruebas de seguridad dejaban a las mujeres en mayor riesgo de sufrir lesiones graves en accidentes de tráfico.

Los ensayos no reflejaban cómo experimentan las mujeres los choques. No se tuvieron en cuenta características y diferencias propias de la corporalidad, por ejemplo, que la densidad ósea y muscular es diferente en hombres y mujeres, ni que estas diferencias influyen en la eficacia de los cinturones de seguridad y los reposacabezas en un accidente. Esta falta de información constituía una brecha sobre la cual se fabricaban sistemas que podían tener grandes repercusiones. Una de muchas brechas, porque a partir de ahora sabemos que cada caso representa características particulares.

Las brechas de género se plantean también como brechas de datos, después de todo esta falta de información sobre las mujeres está en el centro de muchos problemas. Por ejemplo, en el diseño de sistemas, procedimientos, tecnologías y equipos que no las tienen en cuenta. De esa manera se impacta negativamente sus vidas.

Ejemplos de brechas de género

En esta forma de diseñar el mundo se asume la existencia de un «hombre predeterminado» como modelo, lo cual deja afuera otros conjuntos de características. Este tema es ampliamente explorado por Caroline Criado Perez en el libro La mujer invisible, en donde hay numerosos ejemplos de brechas: salariales, políticas, de investigación médica, de diagnósticos y tratamientos, etc.

El tiempo y los estudios han tenido algún efecto en el orden de las cosas. En 2024 en los medios también se ha hablado de cambios en las pruebas de accidentes (al menos en parte del mundo). En Australia, el programa ANCAP (Australasian New Car Assessment Program) ha incorporado a las pruebas maniquíes de otras características que pueden clasificarse como mujer, niño de seis y de diez años. Incluso la empresa que los manufactura (Humanetics) también ha desarrollado dos versiones más: un adulto mayor y un obeso, pero no está claro si entrarán pronto al programa de las pruebas.

Ergonomía y Factores Humanos para asuntos de género

Casos como este nos muestran una oportunidad para estudiar cómo se puede trabajar en una brecha de género, y cómo podría hacerse desde una disciplina relativamente nueva  (el origen lo marcan en la segunda guerra mundial): «Factores Humanos”. Los Factores Humanos plantean cómo mejorar la eficiencia de cualquier sistema.

Cada vez que alguien ha diseñado un producto, proceso o sistema para que funcione de manera más eficiente, “ha practicado los Factores Humanos”, dice en su web la Sociedad de Ergonomía y Factores Humanos. La ergonomía por otro lado hace énfasis en la influencia mutua entre las interacciones de las personas, los objetos y el medio ambiente. Por eso se puede aplicar en el rediseño de objetos que ahora sabemos han sido pensados solo para parte de la población, y que necesitan rediseñarse. Y en este sentido ambas áreas de estudio se unen.

Desde la academia los Factores Humanos se han propuesto para resolver problemas de género. Parnell y Plant han propuesto que esta “aproximación sistemática” de los Factores Humanos se use cuando se revisen asuntos de igualdad, diversidad e inclusión. Revisiones que se consideran indispensables para tratar la brecha de género, y que tienen el potencial de abordar problemas como este.

Cómo abordar una brecha de género

Hay una propuesta en las herramientas del campo de los Factores humano, entre las herramientas que pueden incorporarse está en “Mapa de actores” (Accimap), un análisis que identifica a todos los actores con responsabilidad en el dominio de estudio y/o accidente bajo evaluación, y con el que se pueden plantear acciones a seguir.

Para analizar casos complejos, el problema se segrega en tres niveles (micronivel, mesonivel y macronivel) para entender el contexto y las interacciones de los elementos dentro de los sistemas que lo componen.

En el micronivel se encuentran las características individuales, incluido el bienestar, los niveles de rendimiento individual, la toma de decisiones y los componentes fisiológicos. En el mesonivel se encuentran las agrupaciones de los individuos, las organizaciones y la tecnología que usan. Y finalmente en el macronivel se tienen en cuenta los sistemas sociales más amplios, como las legislaciones.

Volviendo al ejemplo de los maniquíes de las pruebas de seguridad, así sería posible analizarlo a través de un Accimap: con esta herramienta identificaríamos, en el macronivel, que las regulaciones de las pruebas de choque de vehículos no requieren de un muñeco femenino promedio con dimensiones y características corporales femeninas. Aquí se encuentran las regulaciones internacionales y las nacionales, y los estándares contemplados por los proveedores de seguros automovilísticos.

En el mesonivel se encuentran los fabricantes de vehículos, que se acogen a las reglamentaciones del nivel superior, y los gobiernos locales. También se encuentran en este nivel las estadísticas sobre los accidentes de tráfico proporcionados. En el micronivel tenemos usuarios masculinos y femeninos, y las diferencias entre ambos grupos, por ejemplo, la diferencia en la orientación de la columna vertebral o, la que mencionábamos antes, la diferencia de la masa ósea y muscular.

Aunque está por verse el alcance de las herramientas de Factores Humanos y Ergonomía en las brechas de género, hasta ahora los resultados de la aplicación de la Ergonomía ya han dado sus frutos. Hay tantos casos de los que podríamos hablar: Se han hecho estudios sobre la efectividad de ciertos objetos, como sillas de oficina, en relación a los cuerpos femeninos.

También se han identificado diseños que excluyen las características de las mujeres en herramientas y se han registrado los problemas que generan. Esto en trajes espaciales, smartphones, herramientas para trabajar en el campo, con el equipo proporcionado por ejércitos (botas, mochilas) y el diseño de los entrenamientos.

En este último caso se ha observado que las mujeres sufren fracturas pélvicas a un ritmo mucho mayor que sus homólogos masculinos. También se ha observado que el cambio en el diseño de los entrenamientos ha reducido drásticamente el porcentaje de lesiones en las mujeres.

En este sentido, no hay por qué ponerlo de otra manera: estamos asistiendo a la reconfiguración del mundo. Y es probable que otras herramientas y sistemas que consideremos ahora neutrales revelen otras cosas, y que sea tan necesario rediseñar o ajustar nuestros objetos materiales como nuestra forma de ver el mundo.