La historia de la feminización de las tareas domésticas y las demandas de cuidado del presente.
Todo hogar necesita trabajo doméstico y todas las personas requieren cuidado al menos en una parte de sus vidas. En ese sentido son cuestiones que nos conciernen a todos. A pesar de eso, la división sexual del trabajo doméstico ha delegado estas tareas a las mujeres. Actualmente la crisis del cuidado plantea la urgencia de redistribuir esa carga, entre otras cosas.
Trabajo doméstico como asunto de mujeres
Una de las cosas que es inevitable preguntarse cuando se aborda el tema del trabajo doméstico (y el hecho de que ha sido al menos por varios siglos una responsabilidad femenina), es cómo lo han hecho sociedades antes de nosotros, desde cuándo existe la división sexual del trabajo doméstico, y si estuvo siempre a cargo de las mujeres.
En conversación con Menara Guizardi, Doctora en Antropología Social e investigadora el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina (CONICET) le pregunto por esa parte de la historia del trabajo doméstico. Ella ha dedicado su carrera precisamente a estos temas, a los estudios de género, cuidado y trabajo doméstico. Su respuesta no es demasiado breve.
Guizardi insiste en la importancia de no caer en generalizaciones. Hace énfasis en que la vida fue de muchas formas diferentes simultáneamente. Pero tiene una respuesta para el “origen” de la división jerarquizada de los géneros: «en el surgimiento del patriarcado», y hace referencia a Gerda Lerner1.
Cuenta que este proceso duró milenios, no fue homogéneo y tardó unos diez mil años en convertirse en un modelo predominante. Coincidió con el dominio de la agricultura y la aparición de las primeras formas de Estado. Más o menos hace cinco mil años se hizo hegemónico.
Guizardi dice que vivimos como especie la mayor parte en el paleolítico y no hay evidencia en yacimientos arqueológicos de diferenciación jerárquica dentro de los grupos humanos, que para ese entonces eran muy pequeños. En este tiempo la vida humana se desarrolló de una forma cooperativa. Los primeros rastros de violencia intergrupal se encuentran en los yacimientos que corresponden con la transición al neolítico.
El trabajo doméstico pago en el capitalismo
Por otro lado, Laura Levine Frader hace un intento de construir una «historia global» del género y el trabajo. Frader dice que la división sexual del trabajo y otras divisiones de género ocurrieron mucho antes del capitalismo. Y aunque este ofreció oportunidades nuevas a las mujeres, también creó nuevas desigualdades2.
Entre 1750 y 1800 el capitalismo industrial creó otras formas de empleo, y hubo empleo para mujeres, hombres y niños. También en las fábricas el trabajo tuvo una división sexual. En el contexto industrial, las mujeres fueron excluidas de los trabajos cualificados y altamente remunerados.
El capitalismo ofreció oportunidades nuevas a las mujeres pero también creó nuevas desigualdades.
Además, pagar menos a mujeres y niños fue una práctica globalmente extendida de la que se beneficiaron empleadores. Estos en parte respondían a discursos de la época que idealizaban la labor doméstica y familiar de la mujer.
A finales del siglo XIX la riqueza generada por el capitalismo también generó el crecimiento del trabajo doméstico pago. En Norte América, Latinoamérica y Europa Occidental las mujeres de clase media contrataron a mujeres de clase trabajadora para servir. Muchas de estas mujeres eran migrantes. Y la migración es otro de los temas centrales en el trabajo doméstico a lo largo de su historia, porque históricamente las mujeres migrantes han representado parte importante del trabajo doméstico pago.
También desde este siglo empezaron a aparecer textos sobre el servicio doméstico como profesión. Aunque esta área de estudio se estancó en algunas temporadas, debido a que a finales del siglo XIX disminuyeron los números de trabajadores domésticos pagos.
De hecho, desde este campo de estudio se ha hablado numerosas veces de la oportunidad que ha representado este trabajo para la movilidad de las mujeres que venían desde otros lugares para desempeñarlo.
La migración es uno de los temas centrales en el trabajo doméstico. Históricamente las mujeres migrantes han representado parte importante del trabajo doméstico pago.
En esa oportunidad y en alguna otra después de la primera guerra mundial, se pronosticaba que la profesión desaparecería debido al avance tecnológico y al desarrollo del estado de bienestar que cumpliría con estas funciones. En la esfera política tampoco era un sector visible, y estaba, como hoy, altamente feminizado3.
A principios del siglo XX se creía que el servicio doméstico (pronto) «desaparecería», pero a finales del siglo hubo un resurgimiento del trabajo doméstico remunerado.
En cuanto a la comprensión del trabajo doméstico en sus numerosas formas, el movimiento feminista de los años setenta se destacó por traer el tema a la agenda y producir textos influyentes. En el marco del feminismo y los estudios de género se produjo una explosión de investigaciones sobre el servicio doméstico que contemplan numerosos temas diferentes que fueron complejizando progresivamente el debate.
También se propuso un salario para las mujeres que se ocupaban del trabajo doméstico no remunerado en sus propias familias. Y aparecieron conceptos como la “doble presencia” para describir la carga femenina entre el trabajo remunerado y el doméstico.
Las desigualdades de género en el trabajo doméstico remunerado o no, persistieron a fines del siglo XX y persisten. También han surgido instituciones y legislaciones que se han puesto como objetivo abordar esas desigualdades. Los efectos de la distribución desigual del trabajo han demandado cambios de las instituciones y en sus políticas.
Cuantificar las tareas domésticas
La importancia social del trabajo doméstico y el cuidado se ha revaluado progresivamente gracias a movimientos, investigaciones y propuestas que buscan reconocer su valor, incluso asignarle uno tangible en los casos en los que no lo tiene, como cuando se hace en casa, en palabras de la ONU, para el “consumo propio”.
Entre ellos, desde 1985 y 1995 (en las conferencias mundiales sobre la mujer en Nairobi y Beijing respectivamente), la ONU indicó a los gobiernos que desarrollaran un conocimiento más amplio del trabajo. Un marco para medir y comprender mejor el tipo, alcance y distribución del trabajo no remunerado y su relación con las “cuentas nacionales”.
El esfuerzo de “contabilizar” las tareas domésticas, recopilar datos y resaltar su contribución (a la economía, a la producción y a la reproducción) ha sido uno de los resultados de una forma de comprender la actividad económica que incluye la vida en los hogares. En esta visión se tiene en cuenta que, para mantener la actividad económica visible, la que está fuera de la “esfera privada”, siempre se requiere de trabajo doméstico.
También existe la intención de recolectar datos que permitan una mejor comprensión de las dinámicas sociales y cómo se ven las desigualdades, para diseñar políticas efectivas para contrarrestarlas. Para ello se ha retomado un área de estudio desarrollada a principios del siglo pasado, los estudios basados en el uso del tiempo4. A partir de eso se han diseñado encuestas o diarios de tiempo que han sido las formas comunes de obtener datos sobre las tareas domésticas5.
Como se intuye, se ha observado que el trabajo no remunerado recae desproporcionadamente sobre las niñas y mujeres. Pero hay una amplia variación entre países, principalmente de economías desarrolladas y en desarrollo. La distribución desigual del trabajo no remunerado también responde a muchas variables posibles: las barreras y limitaciones impuestas por la cultura, las regulaciones y la falta de políticas favorables6.
Uno de estos factores es la socialización del género. Rocío González Francese, Doctora en Ciencias Sociales y especialista en trabajo doméstico remunerado, recuerda que las normas y valores sociales se internalizan desde una edad temprana. En ese sentido la división sexual del trabajo doméstico empieza a calar muy pronto en la vida de las personas. Estas hacen más o menos tareas domésticas porque han sido socializadas en diferentes conjuntos de preferencias y expectativas asociadas a los géneros7.
La distribución desigual del trabajo no remunerado responde a muchas variables posibles: las barreras y limitaciones impuestas por la cultura (como la socialización de género), las regulaciones y la falta de políticas favorables.
Desde instituciones como la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Internacional del trabajo (OIT), entre otras, se promueve la redistribución y la reducción del trabajo doméstico, y se ha estudiado el tema e identificando factores que incrementan o disminuyen las horas en tareas domésticas y la segmentación entre géneros.
El FMI indica que en el trabajo no remunerado influyen también otras cosas, como el nivel educativo de las personas, el tipo de economía de los países. Por ejemplo, que las economías con más agricultura y manufacturación muestran niveles más bajos de participación laboral de mujeres y más horas de trabajo no pago. También se ha indicado que las políticas de los gobiernos pueden reducir y redistribuir el trabajo no remunerado con inversión en infraestructura y servicios públicos.
En las últimas décadas, las estadísticas sobre el tiempo dedicado al trabajo no remunerado y las iniciativas para contabilizarlo han sido clave para resaltar su contribución al desarrollo económico. Alguna relación puede tener con la demanda y la crisis de cuidado que se prevé en este sector por falta de personas para cubrirla.
Respecto al trabajo doméstico remunerado, aunque ya desde al final del siglo XIX se había “profesionalizado” la labor, recién en 2011 la OIT aprobó el Convenio 189 sobre trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos. Esto llevó a que varios países regularan el trabajo doméstico en sus jurisdicciones.
El trabajo doméstico y el cuidado hoy
Es conveniente hablar del trabajo doméstico y de su relación con el cuidado, ambos son inseparables del modo en la discusión al respecto en la actualidad. Se ha acordado que los trabajos como la preparación de la comida, lavar y limpiar son trabajos que caen en la categoría de “cuidados indirectos”.
Todas las formas de trabajo de cuidado no remunerado (el cuidado directo, indirecto y el cuidado de supervisión) contribuyen al mantenimiento y desarrollo de las capacidades humanas8. Esos beneficios son difíciles de medir y no necesariamente capturados por las transacciones del mercado. Por ello se insiste en que medidas como el PIB, adoptada en el siglo XX no representan parte importante de la producción9. Se habla de que desde el inicio de la Economía como disciplina académica el trabajo doméstico ha estado fuera de consideración. Y también hay revisiones y críticas al respecto y desde hace más de cien años10.
Todas las formas de trabajo de cuidado contribuyen al mantenimiento y desarrollo de las capacidades humanas. Esos beneficios son difíciles de medir y no necesariamente capturados por las transacciones del mercado.
Durante los años 90, se empezó a hablar del «trabajo de cuidado» para englobar no solo las tareas domésticas (limpieza, cocina, mantenimiento del hogar), sino también actividades relacionadas con el cuidado directo de personas (niños, ancianos, enfermos). Este cambio conceptual ocurrió en paralelo con informes de instituciones, la ampliación de la definición de “cuidado” en los debates y el envejecimiento de la población.

Diversos estudios de análisis de datos llegan a las mismas conclusiones: el trabajo doméstico y de cuidado está altamente feminizado. En el caso de las tareas domésticas no es posible separar completamente el género de otros atributos relevantes como el origen migratorio o el estatus legal11. De los 75,6 millones de trabajadores domésticos que la OIT estima que hay en todo el mundo, la mayoría son mujeres, migrantes o miembros de comunidades de minorías raciales y étnicas12 .
En este mismo reporte se indica que la disponibilidad de trabajo doméstico no remunerado para cubrir las necesidades de cuidado del hogar se ha reducido, debido a que los hogares son más pequeños, y a que más mujeres se incorporan al mercado laboral remunerado, mientras que los hombres solo han asumido gradualmente más de estas responsabilidades.
La experiencia cotidiana indica que el trabajo doméstico es imprescindible para la vida y para la producción. A veces se hace para uso y consumo propio (y a veces lo hace otra persona a cambio de remuneración, aunque en otros casos también bajo esclavitud). Colectiva y muy recientemente se reconoce que es importante preguntarse en qué condiciones se hace, cuántas horas requiere y quién lo realiza.
Trabajo doméstico en España y Latinoamérica
El cambio demográfico en regiones del mundo plantea una serie de cuestiones sobre el cuidado y su demanda, los costos y la reorganización que se requiere para intentar suplirla. Estos trabajos son ejercidos muchas veces por migrantes.
El envejecimiento en regiones del mundo plantea con urgencia una serie de cuestiones sobre el cuidado: por ejemplo la demanda y la reorganización que se requiere para intentar suplirla.
En España, según la base de datos de «alta laboral» en diciembre de 2024 había 352.760 personas registradas como trabajadoras domésticas, de las cuales 95.6% son mujeres, y 45% son extranjeras.
En el país la regulación del trabajo doméstico remunerado se basa en varias disposiciones legales que han sido reforzadas recientemente con el Real Decreto 893/2024 (que contiene una nueva ratificación al Convenio 189).
El Real Decreto 893/2024 establece obligaciones específicas para empleadores (evaluaciones de riesgos, proporcionar equipos de protección, garantizar formación en prevención de riesgos laborales y respetar la vigilancia médica voluntaria). Además, aborda temas como la protección contra la violencia y el acoso laboral, siguiendo los principios del Convenio 189 de la OIT.
Anteriormente con el Real Decreto-ley 16/2022 se abordaron temas como la inclusión de las trabajadoras en la protección por desempleo y la regulación de la “relación laboral especial del servicio del hogar”.
En Latinoamérica ONU Mujeres indica que el trabajo de cuidados (remunerado y no remunerado), no solo está altamente feminizado (91,5% de trabajadores son mujeres), sino también es en su mayoría informal (76%). En 2019 en esta zona del mundo, 13 millones de personas se dedicaban al trabajo doméstico remunerado, muchas de ellas afrodescendientes, indígenas y/o migrantes13. En una publicación posterior la OIT en 2023, se calculaba 14.8 millones trabajadoras de hogar.
El estudio del trabajo doméstico y de cuidado actualmente tiene en cuenta que este no solo es asunto “privado” o exclusivamente económico o de género, sino que tiene numerosas dimensiones: raza, cultura, origen, políticas, etc. Incluso se requiere una apropiada medición para entenderlo mejor. Esta medición requiere, por otro lado, del compromiso que adquieren los países al ratificar las convenciones, de una metodología adecuada y una dimensión práctica necesaria para recolectar datos, analizarlos y socializarlos.
*Este texto hace parte de una serie sobre el trabajo doméstico.
Referencias
- Esa “dominación paternalista”, una definición de Lerner para el patriarcado, consiste en un contrato no escrito de intercambio de obligaciones mutuas en el que el varón da “protección a cambio de subordinación, servicios sexuales y trabajo doméstico no remunerado”. Lerner, G. (1986). El origen del patriarcado. ↩︎
- Frader, L. L. (2020). Gender and Labor in World History. En A Companion to Global Gender History (Segunda, pp. 27-42). Teresa A. Meade y Merry E. Wiesner-Hanks. ↩︎
- Sarti, R. (2014). Historians, Social Scientists, Servants, and Domestic Workers: Fifty Years of Research on Domestic and Care Work. International Review Of Social History, 59(2), 279-314. ↩︎
- Guide to Producing Stadistics on Time Use: Measuring Paid and Unpaid Work. (2005) UN. ↩︎
- Own-use provision of services: Measurement guide. (2024, 17 junio). International Labour Organization. ↩︎
- Kochhar, C. A. B. D. K. (2019, 15 octubre). Reducing and Redistributing Unpaid Work: Stronger Policies to Support Gender Equality. IMF. ↩︎
- Pailhé, A., Solaz, A., & Stanfors, M. (2021). The Great Convergence: Gender and Unpaid Work in Europe and the United States. Population And Development Review, 47(1), 181-217. ↩︎
- Folbre, N. (2018, 1 julio). Developing care: recent research on the care economy and economic development. ↩︎
- Guide on Valuing Unpaid Household Service Work. (2017) UN New York and Geneva.
↩︎ - Avaro, M., & Morin, J. G. (2024, May 3). Uncovering the Hidden Value of Unpaid Work: A Global History of Marginalized Metrics. ↩︎
- Domestic and Care Workers in Europe: An Intersectional Issue. (2021). European Network of Equality Bodies (Equinet). ↩︎
- Centering Reward and Representation for Domestic Workers in the Care Economy. (2024) ILO Policy Brief. ↩︎
- ECLAC. (2021). Towards the construction of comprehensive care systems in Latin America and the Caribbean. Elements for implementation. En UN Women – Americas And The Caribbean. ↩︎
Johanna Florez (1992). Estudió Literatura en la Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia y un máster de periodismo en la UOC. Sus lecturas y aprendizajes algunas veces se convierten en textos para internet.



