Textos que cambiaron la conversación sobre el trabajo doméstico

Actualizado el viernes, 1 marzo, 2024

Las discusiones sobre el tema del trabajo (y del trabajo doméstico) se pueden rastrear desde la primera revolución industrial. Desde entonces se ha regresado numerosas veces a la reflexión, yendo hacia visiones más críticas y más complejas. Se ha hablado de qué es el trabajo doméstico, quién lo hace, bajo qué condiciones, y cómo se mide su valor. También se ha analizado en su relación con el sostenimiento del sistema de producción y se han propuesto estrategias para la emancipación de las mujeres. En algunos casos se ha resaltado el potencial del sistema capitalista de liberar a esas mujeres a través del trabajo remunerado (y de la tecnología), y en otros se han mostrado las contradicciones entre el valor del trabajo en el capitalismo y la devaluación del trabajo doméstico de forma privada.

El feminismo no es un movimiento homogéneo, ni hay en todas partes los mismos intereses o las mismas preguntas respecto al trabajo doméstico, a las mujeres o al sistema de producción. Diferentes autoras presentan diferentes visiones del trabajo y el papel de la mujer. Numerosos textos y eventos hacen parte de la discusión, pero hacemos una selección de algunos para contar parte de la historia del trabajo doméstico no remunerado. Así fue como algunas autoras y sus textos modificaron la conversación.

*En la lista de los títulos citamos el nombre de las obras en su version en castellano, a menos de que no exista una.

El potencial igualador del trabajo

El primer libro de esta lista habla del trabajo de las mujeres desde su papel como esposas. En Vindicación de los derechos de la mujer (1792), Mary Wollstonecraft destaca el valor del trabajo como madres y esposas, y afirma que una educación igualitaria para las mujeres beneficiaría su trabajo como «médicas, comerciantes y en otras profesiones». Pero no se cuestiona la naturalización del trabajo doméstico en el género femenino. También se dice que la libertad de la esposa depende “simplemente de una sirvienta para dejar de hacerse cargo de la parte servil de las tareas del hogar”, sin resolver con ello el problema del trabajo doméstico como una obligación de mujeres.

Unos años después Mary Anne Radcliffe ubica explícitamente la independencia financiera como un objetivo feminista en el libro The Female Advocate: Or an Attempt to Recover the Rights of Women from Male Usurpation (1799). El camino hacia la igualdad y la libertad está en mejorar el acceso de las mujeres al trabajo remunerado, oportunidades que debían liberarse (como el título del libro lo indica) de la usurpación masculina.

El mantenimiento del hogar: «la eterna prisión de la esposa»

En el libro de William Thompson (con ideas atribuidas a Anna Wheeler), La Demanda de la Mitad de la Raza Humana, las Mujeres (1825), los autores argumentan que el trabajo doméstico, realizado principalmente por mujeres, es esencial para el funcionamiento de la sociedad pero también sistemáticamente infravalorado y no reconocido como una contribución económica significativa. Se hace una crítica a la naturalización del trabajo doméstico como una obligación de mujeres, sin consideración por su bienestar, aspiraciones o derechos a la participación económica y política en igualdad de condiciones con los hombres.

Los autores destacan que las estructuras patriarcales de poder mantienen a las mujeres en una posición de dependencia y subordinación, y abogan por un reconocimiento del valor del trabajo doméstico. También indican que para lograrlo se han de crear leyes equitativas, ofrecer oportunidades educativas, reestructurar las relaciones sociales y económicas para permitir que las mujeres tengan independencia económica y la capacidad de participar plenamente en la vida política.

La historia económica de las mujeres antes del capitalismo

El libro Working Life of Women in the Seventeenth Century (1919) de Alice Clark es un estudio en la historia social y económica de las mujeres en el siglo XVII, un período significativo debido a los cambios que estaban ocurriendo, como la transición económica al capitalismo, el desarrollo de la manufacturación y la creación de nuevas legislaciones sobre el trabajo. Estos cambios desplazaron el papel económico que cumplían las mujeres en una variedad de roles anteriormente (como trabajadoras agrícolas, artesanas, comerciantes y empresarias) hacia formas de trabajo más industrializadas y peor remuneradas.

Clark argumenta que, en contra de la percepción de que las mujeres eran mayoritariamente inactivas en la economía, las mujeres en realidad desempeñaban roles vitales y diversificados antes de la transición al capitalismo. Además habla del valor del trabajo doméstico no remunerado, que es tan productivo y valioso como el remunerado, aunque no sea reconocido ni compensado económicamente en la sociedad capitalista. Su crítica se centra en cómo esta división perpetúa la desigualdad de género, subvalorando el trabajo de las mujeres y contribuyendo a su marginalización económica y social.

Género, clase y raza

Los cambios económicos posteriores a la segunda guerra mundial permitieron a algunos tener salarios más altos y un mejor nivel de vida, principalmente en hogares blancos y de Europa occidental, como lo indica Susan Ferguson en su texto Las visiones del trabajo en la teoría feminista. En esos hogares ciertas mujeres tenían la opción de dedicarse únicamente a ser madres y amas de casa (de manera no remunerada), y este «se convirtió en el modelo de feminidad para un número cada vez mayor de mujeres». En esos contextos, las mujeres racializadas, con condiciones de vida más difíciles, asumían las cargas del trabajo doméstico remunerado en otros hogares.

Como lo analiza Claudia Jones en An End to the Neglect of the Problems of the Negro Woman! (1949), la mujer negra presenta un caso particular, convive con un tipo de opresión especial «como negra, como mujer y como trabajadora”. Este análisis tridimensional de la opresión anticipa lo que más tarde se conocería como la «teoría de la interseccionalidad». En el concepto de interseccionalidad, se observa que los conceptos de opresión (ejemplo, el sexismo o el racismo) se mantienen y se interrelacionan unos con otros a través de un mismo sistema opresivo.

El trabajo doméstico no remunerado como reproductor de la fuerza de trabajo

En La economía política de la liberación de la mujer (1969) Margaret Benston argumenta que el sistema capitalista se beneficia de la división sexual del trabajo y de la privatización de las tareas domésticas, lo cual sustenta la economía al reducir los costos de reproducción de la fuerza laboral. Los productos del trabajo doméstico (alimentación y cuidado de los cuerpos por mencionar algunos) aseguran un suministro de la fuerza de trabajo necesaria para generar valor económico o de cambio.

Este trabajo se organiza de forma privada, por lo que cuenta con poco reconocimiento social. Si bien para la liberación de las mujeres se habla del acceso a trabajo remunerado, Benston indica que «mientras el trabajo en el hogar siga siendo una cuestión de producción privada y sea responsabilidad de las mujeres, simplemente llevarán una doble carga de trabajo”.

Campaña por el valor del trabajo doméstico

La Campaña Internacional por el Salario para el Trabajo Doméstico (International Wages for Housework Campaign, IWFHC en inglés) fue iniciada en 1972 con el propósito de reconocer el valor del trabajo doméstico. Fue creada por Silvia Federici (una autora famosa por su contribución a la historia de las mujeres) y otras activistas feministas. La campaña tiene una historia bastante rica que dio origen a varias organizaciones feministas y a varios textos, entre ellos Las mujeres y la subversión de la comunidad (1975). Uno de los objetivos de la campaña fue demandar un salario por el trabajo doméstico que realizan principalmente las mujeres. Esta propuesta también generó críticas y creó oportunidades para reflexionar sobre el trabajo doméstico, y sobre si debería ofrecerse un salario para quienes lo realizan (mayoritariamente mujeres), o si más bien debería promoverse la liberación de él.

Lisa Vogel en El Marxismo y la Opresión de la Mujer: Hacia una Teoría Unitaria (1983) habla del concepto de «reproducción social», un conjunto de actividades y relaciones responsables de mantener y reproducir la fuerza laboral. Esto incluye, el trabajo doméstico, el cuidado de los niños, y otras tareas relacionadas con el sostenimiento cotidiano y la reproducción generacional de los trabajadores. Vogel sostiene que la opresión de las mujeres está arraigada en su papel reproductivo. Las mujeres están explotadas dentro de esos roles que se organizan privadamente y se devaluan públicamente. Allí el trabajo domestico carece de valor, pero sin embargo juega un papel clave en el proceso de apropiación del plusvalor. Así se trate de familias no patriarcales, las familias son uno de los medios de los muchos en los que se apoya para producir fuerza de trabajo.