La crisis del cuidado global plantea una sobrecarga de trabajo para las mujeres que debe resolverse colectivamente.
La doctora Guizardi lleva años estudiando el cuidado, el trabajo doméstico y el género, y tiene numerosas publicaciones sobre estos temas. En nuestra conversación discutimos cómo estos temas se solapan, especialmente en el contexto de la crisis global del cuidado.
Entre las cosas que comenta sobre su investigación y su trabajo, indica que este también incluye reuniones políticas de debate con organismos estatales, a veces en eventos internacionales. Y que nota que la mayoría de las personas que se dedican a este estudio son mujeres. Precisamente uno de sus temores es que el cuidado continúe viéndose como un asunto “de mujeres”.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) insiste en que las iniciativas de comunicación son un elemento del plan de revaluación del trabajo doméstico. Sin embargo, el trabajo doméstico es un tema complejo y de varias capas que requiere de múltiples disciplinas para ser abordado. Le pregunto a Guizardi qué podemos priorizar en esas “iniciativas de comunicación”. Ella responde que se requiere una educación diferente para los jóvenes.
Los chicos deben aprender que el cuidado propio y el cuidado ajeno son tareas de todos, y que eso los incluye a ellos. Tienen que tener mejor formación en cómo cuidarse. Ahora que hablamos de expectativas de vida más largas, también es importante aprender cómo envejecer con salud.
Los chicos deben aprender que el cuidado propio y el cuidado ajeno son tareas de todos, y que eso los incluye a ellos. Tienen que tener mejor formación en cómo cuidarse.
Hace referencia a la necesidad de “abrir lo privado y darse cuenta de que tiene dimensiones de lo público”. “No se trata solo de las mujeres”, agrega. Y es necesario un cambio de mentalidad frente al cuidado y la carga que representa el trabajo doméstico. “Hay toda una organización de la reproducción social naturalizada que ya no da más. Es una cuestión económica para los Estados, porque si no atendemos esta cuestión vamos a tener problemas económicos de reproducción”.
La proyección de la OIT es que 2.300 millones de personas necesitarán servicios de atención en 2030, y habrá escasez de trabajadores tanto en países desarrollados como en desarrollo1. Le pregunto a la doctora Guizardi y si se refiere a esa proyección y qué piensa al respecto. Ella responde haciendo énfasis en que distintos países viven la crisis del cuidado de manera asimétrica, pero destaca que unos ya están viviendo lo que la OIT pronostica será más generalizado para 2030.
Agrega que algunos países en Europa tienen trayectoria en el debate sobre cuidado debido a sus propias condiciones demográficas. Ya están enfrentando desde hace unas décadas el problema del envejecimiento. “En España e Italia han debatido de esto por treinta años”, ejemplifica Guizardi.
Explica en qué consiste la crisis y que muchos países tienen una pirámide poblacional invertida: tienen baja tasa de natalidad y, además, la expectativa de vida crece. La población joven es cada vez menos representativa demográficamente, y cada vez hay más gente mayor. Socialmente hay que dedicar más recursos para enfrentar el envejecimiento poblacional y eso implica la necesidad de rediseñar el estado.
Es un “problema matemático”, añade. En pocas palabras no hay suficiente mano de obra para cubrir la demanda. No hay suficientes personas para hacer el trabajo de cuidado remunerado «o por el mercado o por el estado. Tanto uno como otro tienen dificultades para organizar el servicio». Dentro de las familias tampoco hay cómo cubrir la demanda.
Guizardi añade que esta es una crisis que están experimentando países europeos; pero también es un problema para Canadá, Estados Unidos, e incluso para América Latina. Pasa en Chile, Uruguay, Costa Rica y Cuba. Además, en algunos lugares al envejecimiento y bajas tasas de natalidad se suma que parte de su población joven migra a suplir el mercado laboral de otros países, por ejemplo, en Cuba.
Respecto al futuro dice que solo es “selectivamente optimista” porque sabe que hay lugares donde hay debates y políticas con iniciativas interesantes, por ejemplo, en España que “dan esperanza sobre nuevas formas de resolver la cuestión del cuidado y del envejecimiento”. A pesar de eso, cree que se puede esperar una sobrecarga de trabajo femenina más grande.
Habla de la cuarta revolución industrial y de cambios en el trabajo. Toma el tiempo para explicar en qué consiste, en una “revolución de la matriz productiva, un cambio de tecnologías de producción y de cómo se propulsa la producción”.
En relación al trabajo, dice que esta revolución industrial demanda mano de obra técnica con formación científica en STEM, campos en que las mujeres son minoría. Cree que esto puede dar lugar a que por ejemplo los mejores puestos de trabajo estén masculinizados. También que puede esperarse que las mujeres estén empujadas a puestos peor remunerados, y a que incremente la desigualdad de género.
Otro elemento que cree que es importante vigilar es “el discurso biologizante de las tareas del hogar y el trabajo de cuidado que está reascendiendo en todo el mundo». Ve la agenda antigénero de la extrema derecha como un ejemplo representativo de los desafíos en el campo del trabajo doméstico y de cuidado, y sospecha que continuará feminizado, dentro de los hogares y también como trabajo remunerado.
Es importante vigilar el discurso biologizante del trabajo doméstico y de cuidado que está reascendiendo en todo el mundo.
También recuerda que la extrema derecha usa la migración como “chivo expiatorio”. En ese sentido cree que actúan de un modo incoherente con la propia realidad económica de los países que requieren mano de obra que no producen ellos mismos para cubrir ciertos trabajos, por ejemplo el doméstico remunerado.
Ahora que hablamos de los espacios que cubren los migrantes, le pregunto qué pasa con esos espacios que dejan en los lugares de origen, quién cubre el cuidado ahí. La doctora Guizardi me responde introduciéndome al concepto de las “cadenas globales de cuidado” que describe la transferencia de labores de cuidado entre mujeres. Añade que son otras mujeres las que cubren estos espacios y que es una transferencia. Un tema del que también ha escrito2.
Ya que hablamos de migración aprovecho para preguntarle por las redes de movilidad femenina (algo que ha mencionado en uno de sus artículos) y le pregunto si cree que pueda ser beneficioso para el cuidado extender las redes trasnacionalmente. Ella recuerda el caso de Argentina en donde, como en muchos lugares hay numerosas trabajadoras domésticas que son también migrantes. Las regulaciones nacionales del trabajo doméstico son distintas en cada país y esto puede crear confusión, que a veces aprovecha el empleador. En ese sentido las redes pueden ser útiles.
Pero recalca que no es un asunto solo de la organización de las mujeres. Es importante que sea ocupación de los Estados. Y recuerda que en la primera década del siglo en España se crearon acuerdos específicos con ciertos países principales emisores de mujeres migrantes que hacen el trabajo doméstico (Colombia, Ecuador). Los acuerdos atendían cosas que podrían ser importantes para estas personas, por ejemplo, la reunificación familiar.
La doctora Guizardi me recomendó un par de libros para profundizar en algunos de los temas de la conversación. También tengo por leer otros capítulos del libro que coeditó, Cuidados y movilidades en América. Sin duda, la transformación cultural necesaria para redistribuir el trabajo doméstico requiere de investigaciones como la suya y de interés nuestro, ojalá no solo de las mujeres.
*Este texto hace parte de una serie sobre el trabajo doméstico.
Menara Guizardi es Doctora en Antropología Social, de la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente es investigadora el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina (CONICET) e investigadora asociada a la Universidad Tarapacá en Chile.
Referencias
- Centering Reward and Representation for Domestic Workers in the Care Economy. (2024) ILO Policy Brief ↩︎
- Gonzalez Torralbo y Guizardi. (2023). Cuidados y movilidades femeninas en América Latina ↩︎
Johanna Florez (1992). Estudió Literatura en la Universidad Javeriana en Bogotá, Colombia y un máster de periodismo en la UOC. Sus lecturas y aprendizajes algunas veces se convierten en textos para internet.



