Los cambios sociales y la necesidad de explorar el género han modificado la práctica clínica.
Actualmente el feminismo, la no binariedad, las nuevas masculinidades y otros, son temas que interesan a audiencias cada vez más grandes, y conformadas por individuos cada vez más jóvenes. También la psicoterapia se ha visto transformada por el enfoque de género.
Este cambio ha sido posible en primer lugar gracias al desarrollo económico alcanzado en el siglo veinte. Entre finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, el objetivo principal a nivel general se centró en el progreso material, muchas veces a costa de la salud del trabajador y del ecosistema. Ahora, en la era posindustrial, el mundo interior, la salud física y mental, la sostenibilidad y la satisfacción personal aparecen como temas principales en los discursos. El enfoque de género, cuyo propósito también está enfocado en el bienestar asociado al entendimiento de cómo esta categoría nos afecta y cómo modela el mundo.
La psicoterapia, una herramienta cada vez más extendida también gracias a esa nueva ideología del bienestar y el cuidado personal y colectivo, se transforma bajo los nuevos tiempos. En la exploración psicológica de las personas en un mundo definido en parte en relación a las jerarquías de género, no podía faltar tener en cuenta la marca que deja esa experiencia social en la mente y la conducta de los individuos.
Los estudios que demuestran la relación de la experiencia de género con la psicoterapia, tanto desde el lado del paciente como desde el del terapeuta, indican que la competencia, la práctica y la predisposición también producen determinados resultados. Se ha concluido que los psicoterapeutas deben incorporar temas relacionados con género en su formación para prepararse para su práctica clínica.
Se puede concluir que las personas pueden beneficiarse de un modelo terapéutico que tenga en cuenta el género en sus experiencias de vida. Y esto desde todos los detalles, desde los más pequeños a los más grandes. Partiendo, por ejemplo, en los formularios para registrarse a algún tipo de consejería, y las opciones que tienen disponibles para indicar el género con que se identifican los pacientes. Y siguiendo con la relación que establecen con sus terapeutas. Una relación que también está marcada por la formación del profesional y su perspectiva de género.
