¿Cúal es la joda con la virginidad?

Actualizado el lunes, 14 marzo, 2022

Más allá del asunto biológico, la virginidad está enmarcada en un tejido cultural, religioso y socioeconómico. Principalmente en la adolescencia, la etapa en la que a menudo comienza la vida sexual, es significativo revisar el concepto de la virginidad desde diferentes ángulos, y trabajar sobre una estrategia para acompañar a les adolescentes en esta transición.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) , las mujeres jóvenes —20 a 24 años a la fecha de la encuesta— tuvieron, en promedio, su primera relación sexual a los 17.0 años. Es decir, de acuerdo a esto, las mujeres jóvenes en Colombia “perdieron la virginidad” a los 17 años. Ahora, un asunto importante es discutir de qué hablamos cuando hablamos de virginidad.

La naturaleza del himen

A muchas personas nos enseñaron que es virgen quien no ha tenido relaciones sexuales coitales, y que una forma de saber si alguien es virgen o no es por medio de la integridad del himen en los cuerpos que lo tienen. El himen es un tejido elástico que se ubica dentro de los labios internos y divide la vulva de la vagina. Está hecho de grandes cantidades de colágeno, vasos sanguíneos y linfáticos, pero carece de haces musculares y glándulas propias. El himen es muy diverso en su morfología (ver ilustración 1). Puede ser liso o fimbriado (como con deditos), rodear parcial (como una luna menguante) o totalmente (como un anillo) la abertura vaginal, puede tener perforaciones o septos, incluso puede ser prácticamente inexistente. La única forma que podría requerir revisión médica es el himen imperforado, que ocurre en alrededor del 0.05% de las personas con vulva.

Ilustración 1 Algunas variedades del himen. Fuente Velásquez, Nelson, Briñez, Noramaikas, & Delgado, Roxana. (2012). Himen. Revista de Obstetricia y Ginecología de Venezuela, 72(1), 58-68.

La virginidad y el himen: un sinsentido biológico 

El himen puede lesionarse de múltiples maneras sin necesidad de penetración, en actividades cotidianas como montar bicicleta, a caballo, algunos tipos de caídas o entrenando. Por otra parte, como es un tejido elástico y vascularizado, puede estirarse para dar cabida al pene, dedos o juguetes, proceso que se puede dar sin lesión ni sangrado, o con sangrados y desgarres menores. Estos pueden ocurrir en la primera relación sexual o en otras posteriores, dependiendo de la posición y del tamaño del pene (estas lesiones son mucho más frecuentes y significativas en violaciones).

Aun así, el sangrado no significa que el himen se caiga o se rompa en pedazos, son cortes pequeños que cicatrizan sin que el himen pierda su integridad. En ese sentido, hay vulvas “vírgenes” sin y con lesiones en el himen, y vulvas “penetradas” con y sin lesiones en el himen; la asociación entre el himen y la virginidad es simplemente un sinsentido biológico.

La virginidad como concepto aplicado solo a unos cuerpos

Además de la incoherencia fisiológica, que la sociedad asocie el himen con la vulva implica que los únicos cuerpos que pueden ser vírgenes son aquellos con vulva. Aquellos que tienen pene no tienen forma ni necesidad de demostrar su virginidad. Nadie se ha inventado que el prepucio se reduce o que el pene se modifica por la presión vaginal. Y esto no es gratuito, la virginidad —o castidad— de los cuerpos con pene no es algo preciado, al contrario, es una maldición de la que liberarse lo antes posible, y posiblemente por estas dos razones ellos la “pierden” antes en Colombia que las personas con vulva (1.2 años antes), patrón que se repite en Nigeria, Estados Unidos, Perú, entre otros lugares.

Por otra parte, esta asociación con el himen deja a quienes optan por otras prácticas sexuales que no sean la penetración vaginal fuera del radar. Después de todo con las caricias, la masturbación mutua, el sexo anal u oral no hay “ruptura del tejido”. Hablamos de estas prácticas, entonces, como si no fueran relevantes, y de esta manera se condena a la invisibilidad a quienes las practican.

La virginidad solo interesa cuando una vulva es penetrada por un pene, de otra manera no existe. La asociación específica entre el himen y la virginidad parece estar descrita por hombres cis heterosexuales que solo sabían de la existencia del sexo para procreación —fuertemente asociada a la penetración vaginal cuyo fin es el orgasmo del hombre—. El concepto de virginidad existe en este mismo mundo coito-centrista y centrado en el placer masculino.

Otros aspectos relevantes del concepto

El concepto de virginidad podría tener algún sentido en relación a los cambios hormonales que pueden causar las relaciones sexuales. Las actividades sexuales podrían generar cambios en las concentraciones de estrógeno, progesterona y hormona luteinizante en los cuerpos menstruantes.Pero esta asociación requiere más estudios para corroborarlo y estos cambios no están asociados ni a la primera actividad sexual ni solo al coito. Además, la idea de la virginidad precede de lejos al estudio de las hormonas. El mejor ejemplo es el de la religión cristiana y la importancia de este concepto en la misma estructura argumentativa de una serie de creencias.

Maria Alejandra LadrónDeGuevara y yo construimos espacios de educación sexual con adolescentes como parte del currículo de ciencias y del de psicología en un colegio de Bogotá. Ella les preguntaba a les estudiantes dónde han escuchado la palabra Virgen, y las primeras respuestas traen a colación el asunto religioso. La virginidad (sexual) y la Virginidad (religiosa) una asociación bastante común. Ambos conceptos aplican a los cuerpos con vulva y heterosexuales, y están asociados a la pureza y la bondad. Tanto el inicio de actividades sexuales como las prácticas religiosas incluso están relacionadas estadísticamente: les adolescentes creyentes tienen un inicio de vida sexual más tardío que quienes no lo son según un estudio en Nigeria y otro en Perú. Y esta asociación es más marcada, por supuesto, en las mujeres. 

La virginidad y el cerebro adolescente 

Entonces, si la virginidad es un concepto biológicamente incorrecto, ¿podríamos dejar a les adolescentes decidir y que inicien su vida sexual a la edad que quieran? No esta tan sencillo; los cerebros adolescentes tienen completamente desarrollado el sistema límbico, el centro que procesa el placer, mientras que aún están madurando la corteza prefrontal, zona de la evaluación racional. Esto implica que, en situaciones placenteras, sus cerebros se inundan de disfrute mientras que la evaluación del riesgo y la toma de decisiones está procesando aún. Algo así como un carro que tiene el acelerador a fondo con los frenos averiados. 

Consumir drogas, conducir, manejar equipo pesado y tener prácticas sexuales son acciones que traen un riesgo inherente. En este último caso, más allá del trillado embarazo adolescente y de las infecciones de transmisión sexual, las actividades sexuales implican compartir el cuerpo con alguien más. Implican sensaciones íntimas e intensas, vergüenza y placer, que son importantes, y que mal manejadas pueden ser dolorosas.

No se trata de romantizar ese primer encuentro y decir que es lo más importante en la vida de una persona, pero tampoco se trata de infravalorarlo y de afirmar que no hay riesgos emocionales asociados. Al ser una actividad de riesgo, pero con tanto placer, es difícil tomar decisiones responsables y más para les adolescentes, y por esto promover por acción u omisión el inicio sexual temprano (IST) en elles es una apuesta muy arriesgada. 

El inicio sexual temprano

El inicio de la vida sexual está lejos de ser solo un asunto limitado a las decisiones individuales. Las estructuras de opresión social, económica y de género promueven que les adolescentes, especialmente las mujeres, inicien su vida sexual a temprana edad. Son las mujeres más pobres, del campo, menos educadas, con familias más violentas y con entornos más peligrosos las que están más en riesgo de iniciar su vida sexual más tempranamente.

Y no, no es porque estas personas decidan ser “fábricas de niños pobres” (como afirmaba públicamente un político colombiano en relación a las mujeres venezolanas), más bien sobre ellas cae una opresión sistemática que les niega la educación, el acceso al sistema de salud física y mental, les hace mella en su concepto de sí mismas, les violenta y les atrapa en la pobreza. Todo esto una estructura en la que el inicio sexual temprano es solo un síntoma. 

Las personas que inician su vida sexual a temprana edad suelen consumir drogas legales e ilegales, tener embarazos adolescentes, están inmersos en violencia de pareja, conviven en ambientes familiares y de pares más permisivos con ello, han convivido con adolescentes en embarazo, se retiran más del colegio, conversan menos con sus padres, tienen más conflictos con elles, y han repetido grados escolares.

En la ENDS se corrobora esta tendencia de que el IST está correlacionado con dificultades sociales. Las mujeres con estudios superiores inician su vida sexual 2.8 años más tarde que las que solo han terminado la educación primaria (0.8 años en el caso de los hombres), las que están en el quintil más rico 1.9 años más tarde que las que están en el más pobre (0.2 años en los hombres), las que residen en Bogotá 1.7 años más tarde que las que residen en el pacífico colombiano (rural y con poca cobertura estatal, 0.8 en los hombres).  

La virginidad y la educación sexual 

Uno de los factores más interesantes para revisar es la relación entre la educación y el inicio de la vida sexual, porque, de un lado, podría argumentarse que abrir espacios alrededor de la sexualidad puede promover la curiosidad de explorarla, mientras que también podría decirse que estas conversaciones pueden prevenir violencias y dar herramientas para prácticas más seguras. En esta última línea, un metanálisis que revisó estudios realizados en países subsaharianos describe la educación sexual propia y de la pareja como un factor protector de otros indicadores de salud sexual y reproductiva (como el uso de anticonceptivos y embarazo adolescente) pero no del IST.

Un estudio en Colombia reportó que los espacios educativos están relacionados con un número menor de prácticas sexuales, pero también a actitudes menos favorables al ejercicio de los Derechos humanos sexuales y reproductivos. Aunque estos estudios están lejos de cubrir todo el tema (y evidencian que la asociación entre educación e IST es compleja y depende de muchísimas otras variables), dejan la intuición que hay algo bueno en los espacios educativos para la sexualidad. 

De otro lado, una investigación realizada en Nigeria encontró que aquelles adolescentes que tienen mayor acceso y conocimiento acerca del uso del condón también inician su vida sexual antes.  En esa misma línea, el estudio en Colombia mencionado antes encontró que la probabilidad de reportar más prácticas sexuales tiende a ser mayor en las mujeres con más conocimientos y que perciben que tuvieron mejor educación sexual. Esto parecería indicar que informar acerca del tema promueve el inicio y continuación de la vida sexual en les adolescentes. Sin embargo, los autores del estudio en Nigeria advierten hay que tener cuidado al inferir causalidad de esta información.

Así como la confianza en el uso del condón puede quitarle el miedo a les jóvenes, también puede pasar lo contrario, que en vísperas al encuentro sexual hayan tenido que buscar la información, o incluso pueden estar ambos causados por un tercer elemento como una red de amistades con vidas sexuales activas. Educar en sexualidad no causa el IST, pero sí reduciría los riesgos asociados a ella. 

Entonces, ¿qué hacemos con la joda de la virginidad? 

Recapitulando, la virginidad es una construcción social que atañe y ataca a solo un grupo poblacional y que tiene raíces muy fuertes en la religión católica. Por esto en procesos de educación sexual deberíamos revisar nuestros términos, tal vez «inicio de vida sexual» o «primera relación sexual penetrativa» sea más apropiado que virginidad. De todas maneras, necesitamos darle nombre a esta experiencia y buscar que ocurra en edades más tardías, pues las relaciones sexuales socio eróticas, que traen mucho placer e incluso conexión interpersonal, están también llenas de riesgos.

Contrario a lo que la cultura popular dice, no es solo un tema de decisiones personales. Aunque variables individuales como las actitudes o la autoeficacia están relacionadas, hay una carga muy compleja detrás del IST, las personas menos privilegiadas suelen también tener inicios sexuales tempranos exponiéndolas aún a más riesgos y condiciones desfavorables de las que ya vivían. 

Entonces, ¿de qué hablábamos con les adolescentes cuando hablamos de virginidad? De todo esto. No solo del himen. No solo del pene y de la vulva. Tenemos que contarles de la estructura patriarcal, de la religión, de los riesgos, del placer, de los métodos anticonceptivos, y de la desigualdad; no de todo esto al tiempo, cosa por cosa, a medida que lo vayan reflexionando, con elles, no contra elles. Compartiendo información confiable, generando reflexiones y criterios propios, reconociendo lo extraño de la conversación y lo íntimo del tema, pero sobre todo cuidándonos de no asustarles. De no trasmitir el miedo que nos enfundaron a nosotres y por el que muches hemos tenido vidas sexuales tan enrevesadas. 

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