Belleza de mujer: un tema histórico

La belleza ha sido un asunto histórico. También para las mujeres. Se tiene noticia del uso del velo en las persas aunque no es muy clara la estricta reglamentación del uso. Mientras que entre las romanas la belleza se encontraba en las cejas oscuras y pobladas y los ojos hermosos se caracterizaban por estar rodeados de largas y abundantes pestañas. De una época a otra, revelando u ocultando el rostro, la definición de cómo lucirlo ha sido parte importante de la historia femenina.

Texto de Claudia Blumenberg

Aquella reglamentación declarada o implícita (cualquiera que esta sea de época en época) sobre la cualidad estética femenina ha sido un elemento importante en la definición de las rutinas diarias, las transacciones comerciales y la experiencia de vida de las mujeres.

Aunque las practicas estéticas puedan variar de una década a otra, algunas cosas dichas sobre la belleza en general pueden mantenerse vigentes por más tiempo. En El segundo sexo (1949), por ejemplo, de Beauvoir escribía sobre la demanda impuesta sobre la mujer visible a lo largo de la historia humana: la de ser bella. Las excepciones son casos en que las mujeres han dejado de ser mujeres, para acceder a otra categoría: la de soberana o de mensajera de Dios, escribe de Beauvoir. Pero en todo caso han dejado de ser mujeres mortales y finalmente la cualidad de bella no ha dejado de tener del todo importancia en esta exclusiva categoría.

El eterno cumplido

Susan Sontag también escribía que antes de cualquier diferencia o particularidad, la mujer está llamada a la belleza. Se asume que ser llamada hermosa es algo que hace parte del carácter y de las preocupaciones intrínsecas a su existencia. Es el cumplido básico que recibe en su vida, espere o no que así suceda. Es también una asociación sencilla que se encuentra en todas las culturas del mundo. Aunque en ocasiones no es un valor loable sino una condición reprensible, la belleza es en muchos casos la primera palabra asignada a la descripción de alguna mujer. Como hecho o aspiración, consciente o inconsciente, cualquier mujer tiene una relación con la definición de la belleza de su época y su cultura.

Esto no es decir que no haya una definición de un estándar estético en el mundo masculino. Esta no es, sin embargo, un llamado al género masculino entero, sino algo particular que podría o no intervenir en la vida de los hombres. En cada mujer esta es, sin embargo, la primera cualidad posible. Como escribe Sontag en este ensayo publicado por primera vez en la revista Vogue en 1975, Belleza de mujer: debilidad o fuente de poder, toda mujer está llamada a ser atractiva:

Pero mientras responde a esta demanda, pone también bajo sospecha su capacidad, profesional, autoritativa, reflexiva. La mujer está por ello condenada si lo hace. Y condenada si no.

La belleza será posiblemente inseparable de la experiencia humana por el resto de su existencia. Y la continuidad de la demanda sobre la mujer a ser bella no parece cercana a agotarse en los siguientes siglos. Lo que no podemos prever del todo es qué formas tomará y qué medidas aplicarán las criaturas para cumplir o esquivar este requerimiento humano. Qué hará la mujer con su rostro, su silueta o su vello corporal parece ser un asunto que sin duda alguna continuará por escribirse en el porvenir.

2 Respuestas a “Belleza de mujer: un tema histórico”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *