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Orlando de Virginia Woolf y otras “novelas sáficas”

La literatura parece inútil hasta que se levanta el escándalo. Así lo prueba la historia literaria de los años veinte del siglo anterior, cuando se introducía como tema, no sin problemas, la homosexualidad femenina. Una de esas novelas está en la obra de Virginia Woolf.

La novela de Virginia Woolf, Orlando: una biografía (1928), está escrita en forma de biografía sobre un personaje que vive a lo largo de cuatro siglos. Entre las particularidades que describen a Orlando están los cuatrocientos años de vida que componen su biografía, su vida en la corte, su posición como embajador en Constantinopla y, a la edad de treinta años, su transformación en mujer. El cambio, hay que mencionar, ocurre orgánicamente mientras Orlando duerme, con tanta naturalidad que al despertar no hay ningún tipo de extrañeza sobre su nueva disposición. Ni él mismo ni sus sirvientes dudan de que se trate de otra que no sea Lady Orlando.

La novela fue un éxito comercial. Se ha llevado al teatro y a la pantalla grande y se ha celebrado numerosas veces, de numerosas formas. La más reciente, la aparición en la lista de la BBC de las novelas “que han dado forma al mundo”.

El misterio de los sexos resuelto

La novela presenta el género en términos de fluidez, como construcción que puede aprenderse y recrearse (también a través de las ropas: el miriñaque, la bombacha). Orlando “era varón, era mujer, sabía los secretos, compartía las flaquezas de los dos”. Sus dos formas de existencia le revelaban los secretos de la línea divisoria entre ambos (acentuada en la época victoriana, cuenta la novela). Como hombre, Orlando había amado a una mujer que lo había abandonado. El despertarse como mujer le permitía volver al recuerdo de Sasha y reconocer los secretos que antes desconocía:

La oscuridad que separa los sexos y en la que se conservan tantas impurezas antiguas, quedó abolida, y si el poeta tiene razón al afirmar que la Verdad es la Belleza, y la Belleza es la Verdad, este afecto ganó en belleza lo que perdió en mentira.

Orlando: una biografía, Virginia Woolf.

La amante de Virginia Woolf

Desde el punto de vista de la recepción, casi un siglo después de su publicación, el interés por la obra ha permanecido invariable. En parte porque en ella uno puede ver a Orlando como la caracterización de una escritora, Vita Sackville-West, ex-amante y amiga de Virginia Woolf. De modo que hablar de Orlando, el personaje o la novela, es a menudo hablar también de Vita y de la relación entre las dos.

En muchos textos académicos se retoma, entre la correspondencia de Virginia Woolf, parte de una de esas famosas cartas en las que Virginia le escribe a Vita “¿Si te viera me besarías? ¿Si estuviera en la cama contigo me… — Estoy bastante emocionada a causa de Orlando esta noche. He estado junto al fuego pensando en el último capítulo”. (Letters 3; 443). Principalmente en su conexión personal con Woolf (porque en la novela no hay en sí una exploración del sexo entre mujeres) la biografía de Orlando es considerada por algunos como una novela “lesbiana”, así como un par de novelas más de la misma temática que aparecieron el mismo año.

El tema común en las obras es la sexualidad de la “mujer invertida” (el concepto de inversión era el usado en ese entonces para referirse a la homosexualidad). El pozo de la soledad (The Well of Loneliness) tuvo que enfrentar la reprobación social, las discusiones en los diarios y la censura ordenada por un magistrado de la corte. En 1928 también se publicó Mujeres extraordinarias (Extraordinary Women) y Orlando: una biografía, que, se presume, escaparon de la censura debido al tono en el que estaban escritas.

Las formas de la censura

La obra de Virginia Woolf apelaba a la fantasía del lector. La vida de Lord Orlando y luego Lady Orlando requería de un ejercicio de imaginación. Mientras que Mujeres Extraordinarias estaba escrita en forma de sátira, la heroína de El pozo de la soledad había sido construida como un personaje virtuoso, intachable cuya historia de amor repetía las convecciones del romance heterosexual. Lo que hacía la novela más propensa a la censura, ya que si un personaje virtuoso pertenece a determinada “doctrina sexual” (en palabras del juez Lord Biron) “una obra así puede tener una fuerte influencia moral”.

Fuera de la ficción, la homosexualidad femenina estaba censurada incluso como concepto en el terreno de la ilegalidad. Los actos de “indecencia grotesca” (gross indecencyacts) entre hombres estaban condenados en la enmienda del derecho penal de 1885. En 1921 se intentó extender a las mujeres, pero se especula, “la consideración era tan desagradable como para lidiar con ella”. Una obra de la misma Vita, Challenge (1923) había sido prohibida en Inglaterra, principalmente por la conexión con la vida de la autora (que a pesar de representarse como un hombre era demasiado evidente para su familia como para permitir el escándalo).

Vita

La vida de Vita ha despertado interés por el conjunto de particularidades que favorece el sensacionalismo: escritora consagrada, aristocrática, un matrimonio abierto, varias amantes conocidas. Incluso después de su muerte, y en los libros publicados por el sobrino de Virginia Woolf y por el hijo de Vita, ha continuado explorándose el grado de cercanía física y emocional entre las dos, como una especie de obsesión colectiva que necesita “ser resuelta”. En la obra de Vita, incluyendo sus diarios, está claro que, en caso de que se presente el secreto como opción frente a la sexualidad, lo que prefiere es superar el misterio que representan las “personas de su tipo”:

Vita, amiga de Virginia Woolf

Tengo la convicción de que con el pasar de los siglos, y a medida de que los géneros se fusionen a causa de las crecientes semejanzas esas conexiones van a dejar de ser juzgadas como antinaturales y serán entendidas mucho mejor, al menos en su aspecto intelectual, si no en el aspecto físico.

Vita Sackville-West

De lo antinatural

En algún momento Lady Orlando parece tener una inquietud similar: la inquietud de su lugar en el tiempo. En tiempos de la reina Victoria Orlando se cuestionaba su lugar en el espíritu de la Época. “Es probable que el espíritu humano tenga asignado su lugar en el tiempo: unos nacen de este siglo, otros de aquél”. Le oprimía, principalmente, la necesidad de encontrar un marido y ahora que era una mujer hecha y derecha le parecía inconcebible desviarse para coincidir. Pero como otro acto de magia que ocurre de forma natural, Lady Orlando se compromete con Shelmerdine. Su esposo es un marinero que pasa su vida navegando desde y hacia el Cabo de Hornos y similar a ella misma, parece conocer los secretos de ambos géneros.

Orlando fue bien acogido, no solo en el número de ventas de la novela, sino también por Vita en una de sus cartas a Virginia. El logro de la novela para Vita y para la historia literaria no está, a pesar de los rumores, en traer el sexo de mujeres a las tertulias literarias. El logro está en crear en la novela lo que Vita y otras ya buscaban: el retorno a lo natural: Orlando “no necesitaba atacar su época ni someterse a ella; era de ella, pero seguía
siendo la misma. Por consiguiente podía escribir, y escribió. Escribió, escribió, escribió”.

A lo largo de los siglos en uno u otro género la identidad de Orlando está intacta. Al amar a una mujer, con bombachas, con el ajuar completo de una mujer inglesa de alcurnia a la moda de la época, o en su capacidad de cambiar de género con el cambio de traje. Lady Orlando por acción de ponerse un anillo y encontrar un marido, encuentra también un lugar en el espíritu de la época sin tener que conceder u ocultar lo esencial de sí misma.

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