apego desordenado

Apego desordenado, maternidad y cuidado

Actualizado el miércoles, 7 septiembre, 2022

Los trabajos de investigación más recientes exploran el apego desordenado y las relaciones entre los cuidadores (usualmente la madre) y los niños que lo desarrollan.

La teoría del apego explora los vínculos emocionales entre el cuidador y el niño, y los patrones de interacción que se desarrollan entre ellos. La teoría, un campo prolífico de estudio, se extiende a la vida adulta, en concreto a las repercusiones psicológicas y sociales de los vínculos forjados con los cuidadores en la infancia en las nuevas relaciones que se incorporan a la experiencia de vida con el paso del tiempo.

En la infancia el sistema de apego tiene una función claramente definida: la supervivencia. Por ello el niño adopta una serie de comportamientos con el propósito de permanecer cerca física y emocionalmente de su cuidador. El sistema, escribe David Shemmings, se corrige por objetivos, por esta razón puede variar con el paso del tiempo a medida que el niño aprende qué comportamientos son más o menos efectivos para obtener la proximidad buscada con su cuidador.

Variaciones en el sistema de apego

Esto da lugar a diferentes estilos de apego. Existen cuatro tipos de apego (que aparecen a veces con variaciones en los nombres también de acuerdo a los autores): el apego seguro, ansioso (o ambivalente), evitativo y desordenado. Las experiencias tempranas con los cuidadores predeterminan la configuración del circuito neuronal responsable de el desarrollo socio-emocional del infante: la regulación de las emociones, los estados de motivación.

Los niños con apego inseguro aprenden que necesitan minimizar su comportamiento afectivo (evitación) o exagerar mucho su comportamiento afectivo (ambivalente o ansioso) para lograr protección. Los niños con apego seguro aprenden que pueden comportarse de manera consistente con sus estados afectivos (es decir, no tienen que modificar su comportamiento para obtener protección).

Understanding Disorganized Attachment: Theory and Practice for Working With Children and Adults, p. 156

Hasta ahora el apego desordenado había sido uno de los más difíciles de estudiar y tratar porque pueden observarse patrones de comportamiento ansioso y evitativo sin un único patrón definido (de ahí el nombre que recibe). Es un fenómeno que afecta a niños, pero re-emerge en la adolescencia y en la adultez de diferentes maneras, con consecuencias negativas. Principalmente, las personas que lo han desarrollado, tienen problemas para regular sus emociones, son más sensibles al estrés, tienen una imagen de sí negativa y más probabilidades de sufrir algún problema de salud mental. Además a menudo vuelven a relaciones que les son familiares en las que se repite algún patrón de maltrato.

El apego en el cerebro

El apego puede estudiarse en los comportamientos, pero también puede observarse en el cerebro con los instrumentos adecuados (escaners de flujo sanguíneo y de actividad eléctrica alrededor del cerebro). Las áreas activas (es decir, con mayor actividad y flujo sanguíneo) del cerebro son diferentes de acuerdo al estilo de apego desarrollado en los primeros meses de vida.

Alrededor de los 36 meses y más, el flujo sanguíneo neural de los niños con apego seguro se distribuye uniformemente en ambos hemisferios, mientras que en los niños ambivalentes se concentra en el hemisferio derecho (un área afectiva clave en el cerebro) y en el hemisferio izquierdo (un área cognitiva) para niños evitativos. Para los niños con apego desorganizado también hay consecuencias visibles en la estructura y funcionamiento del cerebro resultado de procesos bioquímicos implicados en la regulación del estrés y la ansiedad.

Understanding Disorganized Attachment: Theory and Practice for Working With Children and Adults, p. 84.

Apego desordenado y crianza insensible

La crianza sensible es un requisito para garantizar el desarrollo físico y psicológico saludable de los niños. Este tipo de crianza está relacionado con resultados positivos posteriores en los niños pequeños. Siempre habrá momentos en los que el cuidador reaccione insensiblemente a las necesidades del niño, pero es necesario que la mayoría de las veces se repita un patrón de sensibilidad en coordinación con las necesidades del niño. Por esto, el maltrato o la falta de sensibilidad son factores peligrosamente asociados con el apego desordenado. Los cuidadores de niños con este tipo de apego usualmente abandonan o son negligentes en su rol de protección. Ya sea por omisión o actuando directamente como la fuente de amenaza para el niño (ejerciendo maltrato ya sea a través de actos que dañan o simplemente por negligencia). El riesgo aumenta si no hay apoyo social ya sea dentro o fuera de la familia.

Otro de los factores asociados con el apego desordenado son el abandono, la falta de respuesta a las necesidades del niño, la escasez de interacción o, por el contrario, exceso de intrusión y de estimulación, la agresión, el trato brusco, los golpes y un lenguaje extremadamente hostil. La crianza desconectada se entiende como cambios repentinos e impredecibles en el comportamiento no precedidos por ningún gesto explicativo o vocalización (p. 160). Un aspecto relacionado con este tipo de crianza es la aparición del miedo o de miedo en combinación con falta de comunicación afectiva que produce un fuerte efecto en el niño.

El factor de predisposición con más probabilidad de estar asociado al apego desordenado es el maltrato de parte del cuidador. El abuso y negligencia de un niño es más probable que cause apego desordenado porque está en el corazón de lo que el pego desordenado significa: la paradoja de que el niño sea maltratado por la misma persona que debería ser capaz de protegerlo, y que esa persona sea al mismo tiempo la fuente de peligro.

Los problemas maternos

La oxitocina está relacionada con los comportamientos de apego. Permite el reconocimiento social, la confianza, el amor, la generosidad y comportamientos asociados al cuidado, principalmente en las madres con nuevos hijos. Reduce el dolor físico y magnifica la calma en momentos de crisis. De la misma manera los niveles bajos están relacionados con el maltrato. Algunos estudios sobre los sistemas de regulación de oxitocina en madres mostraron que aquellas con sistemas menos eficientes mostraban menos comportamiento sensible en la crianza.

El trauma no resuelto puede ser otra de las causas del comportamiento de los padres de niños con apego desordenado. Esto es debido a que en la crianza pueden reaparecer oportunidades de reexperimentar el trauma con las necesidades de cuidado y consuelo del niño. Otra de las causas es algo conocido como «baja función reflectiva», es decir, la baja capacidad del cuidador de entender (la mayoría de las veces de modo inconsciente) que sus necesidades y su experiencia en sí son diferentes a las del niño.

La maternidad y los sistemas de apoyo colectivos

Con el apego desordenado se han planteado la necesidad de aplicar un sistema para reconocer relaciones de crianza problemáticas. Se ha creado, por ejemplo, AMBIANCE (Atypical Maternal Behaviour Instrument for Assessment and Classification) un sistema de clasificación que califica el comportamiento de crianza atípico observado en interacciones grabadas en video entre madre e hijo. El propósito es tener una herramienta estandarizada para reconocer relaciones afectivas problemáticas.

Con todo esto parece que el énfasis de los sistemas de apego está principalmente enfocado en las madres. Pero Bowlby, uno de los principales responsables de las bases de la teoría del apego, ya había dedicado gran parte de su trabajo a señalar la importancia de la responsabilidad colectiva con las madres.

El cuidado como requerimiento evolutivo

La crianza y el apego no son solo asuntos exclusivos de la relación madre-hijos, sino que involucran a la comunidad que se recrea con el nacimiento de los bebés, y de los sistemas de salud que respaldan a esas comunidades. De hecho el sistema de apego en humanos es el producto de una serie de cambios evolutivos en los que se requiere que los padres y otros miembros de la comunidad se sumen a la crianza. Comparado con otras especies, un bebé humano depende por mucho más tiempo del cuidado de su madre, y ha de pasar, por ejemplo, mucho tiempo en sus brazos. De esta manera, también colectivamente se requiere más del padre y de otros colaboradores. Se teoriza incluso si la menopausia es una forma de liberar a otras mujeres de la reproducción para que se vinculen en sus comunidades al cuidado de los niños.

Todo esto, incluso más allá de la teoría y de sus posibles usos clínicos y académicos, plantea la pregunta sobre la responsabilidad colectiva que hay en sociedades donde hacen falta los recursos materiales para garantizar la crianza segura, lo que aumenta el riesgo de que se desarrollen relaciones de maltrato. El trabajo académico especializado y sofisticado nos lleva de regreso a una cualidad primordial de la crianza sin la que no es posible: el sistema de apoyo colectivo.

*Este artículo es la tercera entrega sobre la teoría de apego. La primera parte describe el origen de la teoría. La segunda parte describe su extensión a las relaciones adultas.

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